El mundo habla de ESG, pero ¿qué es exactamente? Muchas empresas aún lo ven como un área de gasto innecesario, que será la primera en recortarse en caso de crisis. Sin embargo, en el mundo actual, una estrategia ESG sólida es clave para preparar el negocio para el futuro y abrir oportunidades reales.
ESG consiste en integrar objetivos medibles en la estrategia del negocio para gestionar riesgos y oportunidades en tres pilares:
Pero ¿qué riesgos corre una empresa que no integra estos criterios en su estrategia? ¿Y qué oportunidades puede estar dejando pasar?
En el modelo económico actual, todo está interconectado: una crisis en un punto del mundo puede afectar a empresas situadas a miles de kilómetros. Los conflictos geopolíticos, las pandemias y los eventos climáticos extremos generan inestabilidad en los mercados y en las cadenas de suministro. Una empresa que no logra adaptarse a estos cambios se enfrenta a riesgos cada vez mayores.
Con el cambio climático, por ejemplo, lo que antes era viable en la agricultura puede dejar de serlo debido a las temperaturas extremas y la falta de agua. Para asegurar la continuidad de sus operaciones, las empresas necesitan prepararse para las condiciones climáticas futuras: cambiar de cultivos, elegir especies más resilientes, mejorar la eficiencia del riego o regenerar los suelos.
Una estrategia ESG integrada permite anticiparse a estos cambios, diversificar y fortalecer la cadena de suministro, y adaptar las operaciones a una nueva realidad.
Hoy, las voces de los clientes y las comunidades tienen más fuerza que nunca, en gran parte gracias a las redes sociales.
Cada vez más marcas quedan expuestas por sus abusos laborales, su impacto ambiental o falsas promesas de responsabilidad socioambiental. La moda rápida (fast fashion), por ejemplo, está bajo creciente escrutinio por sus impactos sociales y ambientales, lo que contribuye a impulsar regulaciones más estrictas, especialmente en Europa.
En México, las nuevas generaciones también muestran interés por el consumo sostenible. Según un estudio de Deloitte, el 75 % está dispuesto a pagar más por productos o servicios ambientalmente sostenibles.
Esto afecta tanto a las empresas B2B como a las B2C. Una cadena de suministro transparente y unos estándares sociales y ambientales sólidos ayudan a proteger la reputación y a generar confianza. Y esa confianza importa: puede influir en las decisiones de compra, fortalecer el compromiso de los empleados y mejorar las relaciones con las comunidades.
Los criterios ESG tienen cada vez más peso en las decisiones de inversión y financiamiento. Las empresas que no pueden demostrar cómo gestionan sus riesgos ambientales, sociales y de gobernanza pueden encontrar más dificultades para acceder a determinados fondos o conseguir condiciones de financiamiento competitivas.
Al mismo tiempo, los requisitos de reporte y las regulaciones evolucionan. En Europa, por ejemplo, la CSRD establece obligaciones de información sobre sostenibilidad para las empresas incluidas en su ámbito de aplicación. En México, las Normas de Información de Sostenibilidad (NIS) y las Normas Internacionales de Información Financiera (NIIF) también forman parte de un entorno en el que la información sobre sostenibilidad cobra mayor importancia.
Esperar hasta que una obligación sea inminente puede traducirse en costos adicionales, falta de preparación y dificultades para cumplir con los requisitos aplicables.
Los riesgos climáticos también afectan al sector asegurador: pueden influir en las primas, las condiciones de cobertura y la disponibilidad de seguros.
Las empresas que empiezan a medir y gestionar estos riesgos con anticipación están mejor preparadas para adaptarse. Además, pueden identificar oportunidades de financiamiento sostenible, siempre que cumplan con los criterios específicos de cada instrumento.
Más allá de reducir riesgos, una estrategia ESG bien integrada puede abrir nuevas oportunidades de negocio.
Una empresa que ofrece buenas condiciones laborales y actúa de forma coherente con sus valores puede atraer y retener talento. Esto ayuda a reducir la rotación y los costos asociados a la contratación y la capacitación, además de favorecer la productividad.
Por último, el ESG también puede impulsar nuevos mercados a través de la economía circular: los residuos de unas empresas pueden convertirse en recursos para otras. Esto abre oportunidades de negocio B2B, permite reducir costos operativos y favorece la creación de alianzas estratégicas. Los productos y servicios más sostenibles permite responder a las expectativas de determinados clientes y llegar a nuevos segmentos de mercado.
La pregunta ya no es solo «¿por qué hacerlo?», sino «¿qué tan preparada está mi empresa y cuál es su nivel de madurez ESG?»