La biodiversidad es la base de los sistemas que sostienen la vida en la Tierra: es belleza, diversidad, ingenio natural y capacidad regenerativa. También es un pilar esencial de la economía global ya que más del 50 % del PIB global (aproximadamente 44 billones USD) depende directamente de los recursos naturales y servicios ecosistémicos como agua limpia, polinización y regulación climática (Banco mundial, 2022). Sin embargo, la pérdida de biodiversidad sigue siendo un tema subestimado en el sector privado. Integrarla en tu estrategia empresarial no solo es necesario: es una forma concreta de mitigar riesgos, adaptarse a las regulaciones emergentes y generar un impacto positivo real.
La biodiversidad se refiere a la variedad de seres vivos en el planeta. Un ecosistema funciona como un sistema interconectado: si una parte se altera, todo el conjunto puede verse afectado.La pérdida de biodiversidad es una de las crisis ecológicas más graves de nuestra era. Ecosistemas frágiles como las selvas tropicales o los arrecifes de coral concentran una enorme riqueza biológica, pero también son extremadamente vulnerables. El equilibrio se está rompiendo y cada día desaparecen especies esenciales para la vida.Por ejemplo, una empresa industrial que contamina un río con pesticidas no solo daña los insectos, también afecta la biodiversidad acuática, los pájaros, el acceso al agua potable más abajo en la cuenca, etc.
Muchas actividades dependen directamente de los servicios que los ecosistemas proveen: alimentos, agua limpia, polinización, control de plagas. Ignorar su degradación implica asumir riesgos operativos, financieros y reputacionales. Hoy, la pérdida de biodiversidad ya representa una amenaza tangible para muchos sectores, sobre todo la agricultura y la pesca, pero también la industria farmacéutica y el turismo costero.
Por ejemplos, en México, la desaparición de polinizadores como abejas silvestres por uso intensivo de pesticidas ha afectado directamente los rendimientos de cultivos como el tomate y el chile. Las sequías de los últimos años han provocado una baja producción de frijoles y maís, lo que ha afectado tanto la seguridad alimentaria con impactos económicos directos en comunidades rurales y en la cadena de suministro nacional. Aun así, la biodiversidad sigue siendo un tema poco integrado en las estrategias de responsabilidad social corporativa.
Además, con normas cada vez más estrictas en materia de sostenibilidad - como la CSRD- los proyectos de protección de la biodiversidad en México deberían ser vistos por las empresas como una inversión a futuro, con nuevas oportunidades de negocio.
La buena noticia es que nuestras acciones pueden marcar la diferencia, y se puede regenerar la biodiversidad, aun más rápido de lo que pensábamos. Pero hoy más que nunca, el sector privado tiene el poder de actuar para proteger la biodiversidad, no solo por cumplimiento regulatorio, sino también por ética y responsabilidad social empresarial.
Se requiere transformar procesos internos y tomar decisiones más conscientes en toda la cadena de valor. Aquí algunos caminos concretos:
• Reducir su impacto directo sobre los ecosistemas: evitar la deforestación, la contaminación de cuerpos de agua o la extracción excesiva de recursos naturales, y usar técnicas de agricultura regenerativa.
• Invertir en restauración ecológica en sus zonas de operaciones: financiar proyectos de reforestación, protección de cuencas, conservación de especies en peligro, espacios verdes en oficinas.
• Colaborar con comunidades locales: apoyar iniciativas de conservación lideradas por quienes viven y dependen directamente de los ecosistemas.
• Medir y reportar en tema de biodiversidad: incorporar indicadores en sus reportes ESG y participar en el monitoreo de la evolución de la situación y de las especies.
Un ejemplo inspirador es el de Patagonia, que a través de Tompkins Conservation ha adquirido y restaurado más de 800,000 hectáreas en Chile y Argentina, transformándolas en parques nacionales con ecosistemas regenerados y especies clave protegidas. Esta visión de largo plazo demuestra cómo una empresa puede ir más allá de su operación para tener un impacto real y duradero en la conservación de la biodiversidad.
De igual manera que en la medición de la huella de carbono, el primer paso es la concientización. Recomendamos empezar por sensibilizar a los colaboradores con talleres como el Mural de la Biodiversidad y Misión Biodiversidad, que permiten a los equipos comprender las conexiones entre sus actividades y el entorno natural, y activar una reflexión profunda sobre su rol en la conservación.Después, es importante diagnosticar su impacto con indicadores medibles, identificar dependencias y riesgos, para poder aplicar acciones concretas como las mencionadas anteriormente.
La importancia de la biodiversidad es estratégica, urgente y también una fuente de innovación. Las empresas que se anticipan hoy serán más resilientes mañana. Empezar puede ser sencillo.
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